Ezequiel 24: ¡Escucha a tiempo!

 


¡Escucha a tiempo!

Objetivo: Dios nos llama a dejar el pecado y volver a Él. Necesitamos escuchar su Palabra y confiar en Jesús.

Versículo para memorizar

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
1 Juan 1:9, RVR1960. 

 Contexto

Antes de llegar a este capítulo, el pueblo de Dios llevaba mucho tiempo desobedeciendo y haciendo daño a otros. Ezequiel estaba lejos de Jerusalén, junto con muchas personas que habían sido llevadas a Babilonia. Desde allí, Dios lo llamó a ser su mensajero y advertir al pueblo que debía arrepentirse.

Pero muchos no quisieron escuchar. Creían que, por tener el templo en Jerusalén, nada malo les pasaría. Ahora, en el capítulo 24, un ejército comienza a rodear la ciudad y las advertencias de Dios empiezan a cumplirse. Vamos a descubrir por qué es tan importante escuchar a Dios y responder a su palabra.

Introducción

—¡Bienvenidos a Club Semilla! Hoy prepararemos la mejor sopa del planeta. ¡Una receta que merece un millón de likes!

—A ver, chefs: ¿qué le ponemos?

[Escucha sus respuestas y simula agregar ingredientes.]

—¡Zanahorias! ¡Papas! ¡Pollito! ¿Quién dijo gomitas? ¡Creo que ese chef se equivocó de receta!

[Mezcla y mira al grupo con orgullo.]

—Nuestra olla está bonita, tenemos ingredientes deliciosos y yo traigo una cuchara de chef profesional… Bueno, es la cuchara de mi casa, ¡pero funciona igual!

—¿Ya está todo listo para cocinar?

[Destapa la olla y descubre el papel café.]

—¡ALTOOOOO! ¿Y esto? ¡Hay suciedad pegada en el fondo! ¡Ese no era mi ingrediente secreto!

—¿Qué hacemos? ¿La tapamos para que nadie se dé cuenta?

[Coloca la tapa.]

—¡Listo! Ya no la vemos. ¿Eso quiere decir que ya está limpia?

[Deja que respondan.]

—Bueno… ¿y si le ponemos un moño? ¿O le tomamos una foto con un filtro para que se vea preciosa? ¿Eso quita la suciedad?

—¡Noooo! Aunque se vea bonita por fuera, el problema sigue dentro. Antes de cocinar, tenemos que atenderlo.

[Deja la olla sobre una mesa y cambia a un tono de narración.]

—¿Sabían que Dios usó el ejemplo de una olla para darle un mensaje a su pueblo?

—En Jerusalén, muchas personas pensaban: “Tenemos una ciudad fuerte y aquí está el templo. ¡Todo está bien!”. Pero no todo estaba bien: seguían haciendo daño, siendo injustos y desobedeciendo a Dios.

—Dios había enviado advertencias, pero ellos no querían escuchar. Era como si dijeran: “¡Ponle la tapa! ¡No queremos ver el problema!”.

—Entonces Dios le habló a Ezequiel de una olla con suciedad tan pegada que no se desprendía. Esa olla representaba a Jerusalén y la maldad que su pueblo se negaba a abandonar.

[Señala la olla.]

—Nosotros también podemos querer esconder lo que hacemos: “Que nadie sepa que mentí”, “que nadie vea cómo traté a mi hermano”. Pero esconderlo no lo soluciona. Podemos reconocerlo y acudir a Dios para pedir perdón.

—Hoy vamos a descubrir qué pasó con aquella olla y por qué es tan importante escuchar a Dios a tiempo.

—¡Chefs, cucharas abajo y oídos atentos! ¡Abramos nuestra Biblia en Ezequiel 24!

1. Una advertencia que se hizo realidad

Ezequiel 24:1–2

Durante mucho tiempo, Dios había enviado mensajes a su pueblo para que dejara de hacer lo malo. Pero ellos no quisieron escuchar. Un día, Dios le dijo a Ezequiel: “Escribe esta fecha”. Ese mismo día, un ejército había rodeado Jerusalén. Lo que Dios había anunciado estaba sucediendo.

Cuando Dios nos muestra algo que debemos cambiar, debemos escucharlo y responder hoy.

Aplicación: Identificar una instrucción bíblica que necesitan comenzar a obedecer hoy.

2. Una olla mostró el problema

Ezequiel 24:3–8

Para explicar por qué estaba pasando aquello, Dios usó el ejemplo de una olla con suciedad muy pegada. Esa olla representaba a Jerusalén. Sus habitantes se sentían seguros dentro de la ciudad, pero seguían mintiendo, siendo injustos y lastimando a otros. Las murallas no podían esconder su maldad delante de Dios.

Dios ve cómo tratamos a los demás, incluso cuando nadie más nos observa.

Aplicación: Nuestra manera de tratar a los demás también forma parte de nuestra respuesta a Dios.

3. Ya no podían seguir ignorando a Dios

Ezequiel 24:9–14

La suciedad de la olla seguía allí, así como el pueblo seguía aferrado a su pecado. Entonces Dios anunció que llegaría el juicio. Habían rechazado sus advertencias y ahora enfrentarían las consecuencias. No bastaba con aparentar que todo estaba bien: necesitaban haberse vuelto a Dios.

Arrepentirnos es reconocer lo malo, pedir perdón y buscar cambiar con la ayuda de Dios.

Aplicación práctica del arrepentimiento:

  • Reconozco lo que hice sin culpar a otro.
  • Se lo confieso a Dios.
  • Pido perdón a quien lastimé y reparo lo que pueda.
  • Busco ayuda para cambiar.

4. Ezequiel vivió una gran tristeza

Ezequiel 24:15–24

Después ocurrió algo muy doloroso: murió la esposa de Ezequiel. Dios le dio una instrucción especial sobre cómo expresar su duelo. Cuando las personas preguntaron por qué actuaba así, él explicó que era una señal: Jerusalén también perdería cosas muy queridas, incluido su templo. Tener ese edificio no los protegía mientras rechazaban a Dios.

Nuestra confianza debe estar en Dios. Cuando estamos tristes, podemos llorar, hablar con Él. El Espíritu Santo es nuestro consolador, nos abraza, cuida y da paz en nuestro corazón, cuando estemos tristes podemos pedir al Espíritu Santo que nos ayude. También tenemos a nuestros padres que pueden abrazarnos, limpiar nuestras lagrimas y hacernos compañía. La instrucción de Ezequiel fue especial para aquella ocasión.

Recuerda al grupo: la tristeza no es pecado y llorar no significa dejar de confiar en Dios.

Aplicación: Podemos agradecer por las cosas buenas que Dios nos ha dado: la iglesia, la familia y nuestras bendiciones, pero tener cuidado de que esas cosas no sean más importante que Dios en nuestra vida.

5. La palabra de Dios se cumpliría

Ezequiel 24:25–27

Finalmente, Dios anunció que un sobreviviente llegaría con noticias de Jerusalén. Así el pueblo comprobaría que su palabra era verdadera. Todo lo sucedido les mostraría que debían tomar en serio al Señor.

Podemos confiar en lo que Dios dice y aprender a obedecerlo. La Palabra de Dios es verdad.

Cierre: nosotros también necesitamos un Salvador

En esta historia vemos que Dios es santo y justo: no ignora el mal. También nosotros hemos pecado y necesitamos su perdón. No podemos salvarnos haciendo suficientes cosas buenas.

Jesús nunca pecó, pero murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó. Él puede reconciliarnos con Dios y darnos vida nueva.

Arrepentirnos significa dejar de defender nuestro pecado y volvernos a Dios. Confiar en Jesús significa depender de Él para ser salvos. Después aprendemos a obedecerlo con su ayuda.

Ezequiel 24 nos muestra que Dios no ignora el pecado. Nosotros también hemos desobedecido y necesitamos perdón. Por eso Dios envió a Jesús, quien murió por nuestros pecados y resucitó. Podemos volvernos a Él, confiar en su amor y recibir una vida nueva.

Para conversar: 

¿Por qué a veces dejamos para después lo que sabemos que debemos cambiar?

¿Podemos comportarnos amablemente en la iglesia y maltratar a alguien en la escuela o en un chat?

¿Qué diferencia hay entre lamentar que me descubrieron y reconocer que hice daño?

¿Por qué asistir a la iglesia no equivale a tener una relación con Dios?

Si creemos que Dios dice la verdad, ¿cómo cambia nuestro pensamiento de lo que leemos en la Biblia?






Comentarios

Entradas más populares de este blog

Ezequiel 20:45–23:49: “Jesús, nuestro Rey y Salvador”

Los frutos del Espíritu

Todo tiene su tiempo

Guarda Tu Corazón

Jeremías 49: Dios es Rey sobre todo y nos ama